Anualmente, 300 millones de niños son abusados sexualmente. Se calcula que en Sudamérica una de cada tres niñas han vivido un abuso sexual, en tanto que en los niños la relación es de uno por cada diez. 

A estas cifras preocupantes, se suman otros tipos de abusos como el emocional, el psicológico, el omisivo, por mencionar algunos, que dejan consecuencias y daños tan profundos como el abuso físico o sexual.

Algunas formas de abuso son  sutiles y peligrosas, difíciles de identificar hasta por la persona que las sufre.

Palabras, acciones comportamientos que ninguna ley castiga y que pueden resultar tan incapacitantes como un trauma de abuso sexual o un brazo roto, porque hieren nuestra alma de modo feroz, la tajan, la lastiman.

En la otra cara de la moneda, lo peor de este sistema es que la mayor parte de los abusadores repite inconscientemente el ciclo del abuso, sin darse cuenta que sólo devuelve lo recibido, que repite el ciclo del abuso en el que él fue alguna vez la víctima.

Dedicarnos un tiempo para expandir  nuestra conciencia y sanar esta herida a fin de alcanzar la felicidad que merecemos, recuperar la confianza en nosotros mismos, crecer en autostima y sobre todo, impedir que el ciclo se repita.

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